Hay algo entrañable en que el creador de un juego que lleva una década de actualizaciones masivas todavía vuelva de vez en cuando a la versión que casi destruyó su reputación. Sean Murray, fundador de Hello Games, ha reconocido públicamente que tiene un cariño especial por aquel No Man's Sky de 2016, ese que llegó envuelto en polémica y que prometía más de lo que podía cumplir en ese momento. «Es un poco más raro, pero tiene su encanto», ha dicho Murray, y la verdad es que cuesta no entender qué quiere decir con eso.
La versión original tenía una atmósfera casi de ciencia ficción indie de los años 70: más silenciosa, más extraña, con una sensación de soledad cósmica que las actualizaciones posteriores fueron transformando poco a poco en algo más lleno de contenido y de vida. Más completo, sí, pero también distinto en espíritu. Que Murray lo reconozca sin ningún tipo de vergüenza dice bastante de alguien que ha pasado años reconstruyendo un juego desde cero y ganándose de nuevo la confianza de los jugadores. No es nostalgia vacía: es el creador siendo honesto sobre de dónde viene su obra y por qué esa versión imperfecta sigue siendo suya de una forma muy particular.

Alex
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