Christopher Nolan lleva un tiempo siendo una de las voces más directas de la industria del entretenimiento cuando se habla de inteligencia artificial, y en su última declaración pública no ha decepcionado. El director ha comparado la IA con el famoso caballo de Troya, pero con un giro importante: «es un caballo transparente, de cristal, todo el mundo puede ver lo que hay dentro». En otras palabras, Nolan cree que no hay engaño real porque las intenciones y los mecanismos de la tecnología están a la vista de cualquiera que quiera mirar. La pregunta incómoda que deja flotando en el aire es por qué, sabiéndolo, seguimos abriendo las puertas igual.
La ironía tiene más capas si se tiene en cuenta que Nolan hace estas declaraciones mientras trabaja en The Odyssey, su próxima gran apuesta cinematográfica basada precisamente en la épica griega de Homero, esa civilización que, entre otras cosas, nos legó el escepticismo como práctica filosófica. Que el director de una película sobre Odiseo, el rey famoso por no fiarse nunca de nada ni de nadie, salga a advertir al mundo sobre los peligros de la tecnología tiene una coherencia poética difícil de ignorar. Nolan no dice que la IA sea el fin del mundo ni que haya que prohibirla: dice que la trampa está a la vista y que la decisión de caer en ella es, en buena medida, nuestra.

Alex
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